
Un grupo de estudiantes de Johan Cruyff Academy estudió el tema de los deportistas como modelos a seguir en la sociedad y elaboró un informe que incluye tanto argumentos a favor como en contra
La figura del deportista de élite ha evolucionado más allá del rendimiento deportivo para convertirse en un fenómeno cultural y social de gran impacto. Su presencia en redes sociales y medios de comunicación los posiciona como referentes de millones de seguidores en todo el mundo. Pero, ¿es justo exigir que los atletas sean modelos a seguir en la sociedad?
El impacto de los deportistas en la sociedad y las redes sociales
Si observamos las cien cuentas con más seguidores en Instagram, encontramos que 15 pertenecen a deportistas, incluidas las de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, quienes ocupan el segundo y tercer puesto en el ranking global. Esta visibilidad masiva convierte a los deportistas en figuras influyentes, moldeando actitudes y comportamientos, especialmente entre las nuevas generaciones.
Las redes sociales han transformado la relación entre los deportistas y sus seguidores. Más allá de su desempeño en el campo de juego, su imagen pública, valores y acciones fuera del deporte impactan directamente en la sociedad. Sin embargo, surge un dilema: ¿hasta qué punto los deportistas deben asumir este rol de liderazgo social?
En la asignatura Good Business, estudiantes de Johan Cruyff Academy Ámsterdam profundizaron en esta cuestión ética, analizando cómo la presión mediática y las expectativas del público afectan a los atletas de alto nivel.
El rol de los deportistas: más allá del rendimiento
Desde tiempos antiguos, el deporte ha sido una herramienta de cohesión social y un reflejo de valores como la disciplina, el esfuerzo y la superación. No obstante, hoy en día a los deportistas se les exige más que ser simplemente buenos en su disciplina: se espera que sean ejemplos de conducta dentro y fuera del campo.
A su vez, el impacto económico del deporte refuerza esta tendencia. Empresas y marcas buscan vincularse con atletas influyentes para fortalecer su imagen y generar mayor conexión con el público. Un claro ejemplo es la icónica campaña de Gatorade en los años 90 con Michael Jordan y el eslogan Be like Mike (Sé como Michael).
Sin embargo, esta expectativa puede volverse un arma de doble filo cuando los deportistas expresan opiniones sobre temas políticos o sociales. Un caso reciente es el de Kylian Mbappé y otros jugadores de la selección francesa, quienes llamaron a votar en contra de Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen. Esta postura generó reacciones mixtas en la prensa y en la sociedad, reavivando el debate sobre el derecho de los atletas a involucrarse en conversaciones públicas.
Por otro lado, la creciente exposición en redes sociales también ha llevado a una mayor invasión de la privacidad de los deportistas. Un ejemplo es el caso de Jutta Leerdam, patinadora holandesa, quien tras ganar la Copa Mundial en Calgary compartió que su rendimiento se vio afectado por la menstruación. Su honestidad generó tanto apoyo como críticas, lo que demuestra la complejidad de ser una figura pública en el deporte.
Barkley vs. Malone: las dos posturas de los deportistas
El filósofo americano Christopher Heath Wellman explica que los deportistas adoptan dos actitudes opuestas a partir de esta problemática. Según él, existen los “escépticos” y los “ejemplaristas”. El primer grupo sostiene que el deportista no es más que un profesional al que sólo debe pedírsele ser excelente en su trabajo, es decir, ser un buen jugador dentro de la pista. En cambio, los “ejemplaristas” entienden que el deportista posee una responsabilidad en relación al público, debido a su presencia en los medios, y la identificación que despiertan entre el público.
Wellman ilustra ambas posturas a partir de una polémica entre dos jugadores de la NBA: Charles Barkley y Karl Malone. Cuando fue criticado por ser un mal modelo para los niños por comportamientos fuera del campo de juego, Barkley afirmó que él no era un modelo a seguir. Según él, los padres eran los que debían dar ejemplo a sus hijos, no él, que simplemente era un deportista profesional.
Karl Malone, otro jugador de la NBA, contestó a la postura de Barkley afirmando que deportistas como ellos, que competían en la liga de baloncesto más importante del mundo, eran inevitablemente un modelo a seguir para aquellos niños que les admiraban.
Preguntas clave sobre la responsabilidad de los deportistas
Los estudiantes de Johan Cruyff Academy Ámsterdam plantearon una serie de preguntas fundamentales en su investigación:
- ¿Es justo esperar que los deportistas actúen como modelos a seguir fuera de su disciplina?
- ¿Cómo influyen la fama y la edad del deportista en las expectativas que tiene el público sobre ellos?
- ¿Dónde está el límite entre la responsabilidad social de los deportistas y su derecho a la libertad de expresión?
Argumentos a favor y en contra de los deportistas como modelos a seguir
A favor: el poder del deporte como inspiración
Los deportistas tienen una gran influencia en la sociedad y pueden ser una fuente de inspiración para las nuevas generaciones. Pep Guardiola, en una entrevista con Johan Cruyff Institute, afirmó: «Siempre he pensado que el deporte es la herramienta más poderosa para la educación».
Los valores que transmiten el fútbol, el baloncesto, el atletismo y otras disciplinas pueden influir positivamente en los jóvenes. Los deportistas de alto nivel, debido a su visibilidad, tienen una oportunidad única para promover causas sociales, generar impacto positivo y motivar a otros a alcanzar sus metas.
Ejemplo de ello es Bachar Houli, exjugador australiano de la AFL, quien ha trabajado activamente para inspirar a la juventud musulmana a través de su fundación Bachar Houli Foundation, centrada en el desarrollo de jóvenes líderes dentro de su comunidad.
Otro ejemplo podría ser el de Vôlei 5, una escuela de voleibol en Florianópolis fundada por el jugador de voley brasileño Pedro Jukoski, junto a su padre y su hermana, que también son deportistas profesionales. El proyecto consiste en una escuela deportiva un enfoque inclusivo, trabajando con personas con necesidades especiales y ofreciendo apoyo en áreas clave como nutrición, psicología y clases de inglés.
Además, el hecho de ver a figuras deportivas superar desafíos y alcanzar el éxito puede fortalecer la confianza de los jóvenes en sí mismos, fomentar el sentido de pertenencia y proporcionarles modelos positivos a seguir.
En contra: la presión y los riesgos de la idealización
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Por otro lado, esperar que los deportistas sean modelos de conducta intachables puede generar estándares poco realistas para los jóvenes. La idealización extrema puede llevar a frustración o sentimientos de insuficiencia cuando no logran estar a la altura de sus ídolos.
Luego de la polémica Charles Barkley filmó un anuncio de Nike en 1993, en el que declaraba: “I am not a role model» (No soy un modelo a seguir). Como vimos, Barkley argumentaba que la educación de los niños es responsabilidad de los padres y no de los deportistas. Esta perspectiva cobra relevancia cuando se considera la presión que enfrentan los atletas para mantener una imagen impecable.
Un caso emblemático es el de Simone Biles en los Juegos Olímpicos de Tokio. La gimnasta enfrentó una avalancha de críticas por no cumplir las expectativas de los aficionados, lo que la llevó a declarar en Instagram: «Realmente siento que a veces tengo el peso del mundo sobre mis hombros».
La constante exigencia de ser un ejemplo puede derivar en estrés, ansiedad y agotamiento mental. Muchos especialistas abogan por mayor protección para los deportistas, priorizando su salud mental y reduciendo la presión mediática.
Conclusión: ¿deben los deportistas ser modelos a seguir?
El estudio de los estudiantes de Johan Cruyff Academy concluye que los deportistas son muy conscientes del impacto que tienen en la sociedad, pero también de la carga que esto supone.
Si bien su influencia puede ser utilizada para transmitir valores positivos, es fundamental encontrar un equilibrio que respete sus límites personales. La clave está en generar un entorno en el que los atletas puedan inspirar a otros sin sentirse forzados a encajar en un ideal irreal.
En última instancia, la responsabilidad de educar y transmitir valores recae en múltiples actores: la familia, las instituciones y la sociedad en su conjunto, no solo en los deportistas.
El informe fue desarrollado por estudiantes de Johan Cruyff Academy Ámsterdam para la asignatura «Good Business», dictada por el profesor Guus Heijnen. Los autores fueron Tessa de Jong, Roos Zwetsloot, Sam van den Burg, Steve Appel y Lance van der Willigen. Esta publicación se basa en el informe.




